Praxis, el paraíso libertario de Donald Trump
Aunque Dryden Brown se identifique con los tecnolibertarios no por eso deja de tejer vínculos con el sector más ortodoxo de MAGA. Uno de sus colaboradores en Praxis es Mike Mahoney, quien no solo formó parte de Breitbart News, la web de noticias de Steve Bannon, sino que además es reconocido como figura central en las comunidades aceleracionistas del poder blanco en la red
Richard Ford se enfada y su voz se confunde con la de Frank Bascombe, el protagonista de su magistral saga literaria. Ford escribe en Le Monde una tribuna en la que reflexiona inspirado en las preguntas que le hacen sus amigos europeos sobre la deriva de la presidencia de Donald Trump.
Crispa a Ford que Trump considere Estados Unidos su propiedad privada, saqueándolo a su antojo y manifiesta estupor ante el hecho de que el tiempo pasa sin que se pueda tomar la iniciativa: la angustia nos paraliza, reconoce. En su afán de querer entender qué ocurre, deja de lado “la compra, la apropiación o la conquista de Groenlandia”. No le parece relevante: quizás le resulta impensable. ¿Acaso es concebible Canadá convertido en el Estado 51?
No es sencillo poder catalizar tanta deriva. Los personajes que se mueven en la escena y la trastienda de la Administración Trump abonan –a veces con más estiércol del necesario– el desconcierto que genera la total ausencia de sentido.
Dryden Brown, CEO de Praxis, es uno de ellos. Hace unos años, el periodista Joseph Bernstein, especialista en cultura digital y política del Times, le vio subir a un escenario en Ámsterdam y lo describió como un joven desaliñado, de movimientos torpes, que invitaba a la audiencia a sumarse al proyecto de una nueva ciudad a orillas del Mediterráneo. Los asistentes tuvieron que hacer un esfuerzo para entender qué era una ciudad autónoma y donde se ubicaría. Difícil de imaginar.
Corría 2019 y, por entonces, Praxis ya contaba con más de 19 millones de dólares para su proyecto, una cantidad insignificante en el mundo del capital de riesgo y el desarrollo urbano pero toda una fortuna para un joven sin experiencia en ese terreno.
Brown deambuló por media Ivy League sin conseguir plaza y sin perder tampoco la fe en el mañana, se puso a trabajar como analista de un fondo de inversión, donde conoció al socio con el que fundó Praxis, Charlie Callinan, un exjugador de fútbol americano de la Universidad de Boston, y allí comenzó todo.
A pesar de su bajo perfil intelectual, Brown es un fervoroso lector de La rebelión de Atlas de Ayn Rand, una de las obras de cabecera de los libertarios, y de los economistas austríacos. En el despacho tiene expuesta una foto suya en compañía de Curtis Yarvin, el bloguero neorreaccionario vinculado a Peter Thiel y asesor del vicepresidente J. D. Vance. Brown comparte con Yarvin la defensa una monarquía tecnológica que sustituya a la democracia.
Aunque Dryden Brown se identifique con los tecnolibertarios no por eso deja de tejer vínculos con el sector más ortodoxo de MAGA. Uno de sus colaboradores en Praxis es Mike Mahoney, quien no solo formó parte de Breitbart News, la web de noticias de Steve Bannon, sino que además es reconocido como figura central en las comunidades aceleracionistas del poder blanco en la red. Sus novelas, bajo el seudónimo de Mike Ma, ensalzan el racismo y el sexismo.
Con ese credo y estos mimbres, Brown levanta Praxis para consolidar su sueño de ciudades estado, autónomas, libertarias, sin control alguno. Espacios de libertad, asegura, donde espera restaurar la civilización occidental, acelerando el progreso tecnológico en áreas como la inteligencia artificial, la biotecnología y la energía.
¿Cuándo cae Brown definitivamente en la cuenta de la degradación de Occidente? Cuando Joe Biden le abre los ojos. “Estados Unidos se estaba convirtiendo en «un páramo gobernado por un rey en coma”, le cuenta a Zoë Bernard de Vanity Fair. Entregado al rescate, Brown imaginó una ciudad basada en los valores occidentales, repleta de arquitectura gótica y poblada por ciudadanos que defienden los valores clásicos y disfrutan leyendo libros como La Odisea. ¿Será consciente Biden de haber activado este fervor premoderno entre los libertarios?
Llegados hasta aquí, se acumulan ya todos los atributos necesarios para la participación especial de Peter Thiel en el proyecto. Hay que tener en cuenta que así como Elon Musk busca su lugar en el espacio, Thiel prefiere tenerlo a pocas horas de vuelo. Hace unos años invertía en las seasteading de Patri Friedman –nieto del Nobel neoliberal–, que intentaba construir islas libertarias en aguas internacionales.
Thiel apoyó a Praxis a través de Pronomos Capital, un fondo de inversión urbanística, que cuenta con su respaldo y que dirige el propio Friedman. También involucró a sus socios inversores en capital de riesgo, Balaji Srinivasan y Joe Lonsdale (con quien fundó PayPal). Y hay más, Apollo Projects, otro fondo cofundado por Sam Altman, director ejecutivo de OpenAI, y los gemelos Cameron y Tyler Winklevoss, a quienes Mark Zuckerberg robó la idea de Facebook y que han hecho fortuna con el Bitcoin. La lista es larga y probablemente crezca ya que tienen puesta la mirada en Groenlandia, una isla “inaccesible para el común de los mortales, luminosa e imperecedera, centro espiritual del que descendió la sabiduría suprema y la tradición primordial”, tal y como proclama un tuit de Praxis con el que invita a soñar con un nuevo mundo.
Brown viajó a Groenlandia ofreciendo a los políticos, funcionarios y empresarios locales financiar su independencia con un aporte anual similar al que transfiere Dinamarca a la isla: 500 millones de euros. Claro está, el proyecto es de carácter netamente colonial aunque Praxis lo llame “ciudad estado”. Podríamos decir que es un estadio superior del paraíso fiscal: un edén digital donde la población original quedaría sometida en ese nuevo estatus. Como era de esperar, los nativos congelaron la propuesta.
¿Quién fue el primero que le habló a Trump de Groenlandia? Daniel Iriarte en El Confidencial sugiere que fue Ron Lauder, magnate de los cosméticos y amigo del presidente, durante su primer mandato. Otros, indican que fue Greg Barnes, un australiano al frente de Tanbrezz, una empresa con licencia para explorar la zona. Según cuenta The Guardian, la idea de comprar Groenlandia surgió cuando Barnes le puso al tanto del potencial de la isla.
Así como Venezuela tiene petróleo, Trump mira con ansias el inmenso yacimiento de minerales, incluyendo tierras raras, grafito, cobalto y cobre de la isla. El deshielo, por otra parte, permite la navegación comercial a través del Ártico.
Al año siguiente del primer contacto de Praxis con las autoridades de la isla, Trump hizo pública su intención de anexionar Groenlandia a Estados Unidos y nombró como embajador en Dinamarca a Ken Howery, con quien Thiel fundó PayPal. Howery representa, a las claras, la vanguardia de Praxis en Groenlandia. La cuenta oficial de la compañía lo dejó claro en X el día del nombramiento: “De acuerdo con el plan”.
Después de la visita de Trump a Davos y de una reunión con Mark Rutte, el secretario general de la Alianza, la prioridad de la anexión de Groenlandia entró en un compás de espera aunque sigue en el aire su amenaza: “Tendremos que resolverlo”.
Esta semana Peter Thiel ha sido recibido en la Academia de Ciencias Morales y Políticas de París, en el marco de un grupo de trabajo dedicado al futuro de la democracia. Thiel no ha mencionado en ningún momento nada referido a la democracia, exponiendo sus tesis alrededor de la idea de que «el mundo parece estar estancado». Apunta Arnaud Miranda en Le Grand Continent, que abogó por una modernidad alternativa a la de la Ilustración: una modernidad expurgada del universalismo moral que nos habría llevado al estancamiento. Es la misma moral que plantea superar Dryden Brown desde Praxis pero no con teorías sino con hechos: territorios liberados.
Richard Ford se niega a dar pábulo a este ataque al sentido común. Frank Bascombe, su personaje, es más asertivo. En Acción de gracias afirma: “Si se puede expresar, puede ocurrir”. Y algunas páginas más adelante, advierte: “Nunca hay que pensar que ya nada puede sorprendernos. Hay multitud de cosas”.