La provincia de Cádiz bajo el agua: Grazalema, Jerez y el Campo de Gibraltar viven un temporal histórico
La borrasca Leonardo deja cientos de litros por metro cuadrado, con viviendas inundadas, desalojos preventivos y paseos marítimos arrasados
La borrasca Leonardo obliga a desalojar a 3.000 personas y a cortar las líneas de AVE Sevilla-Córdoba y Málaga-Granada
En Grazalema, el pueblo gaditano conocido por ser el lugar donde más llueve de España, está lloviendo más que nunca. Pocos vecinos, ni siquiera los más veteranos, recuerdan algo parecido. “Han aparecido arroyos que no sabíamos que existían. El suelo está tan saturado que no soporta más agua”, explica Carlos García, su desbordado alcalde. El agua ha empezado a salir desde los enchufes de las casas y las calles son cascadas. La cercanía al cauce de los ríos ha provocado el desalojo de más de 3.000 personas en la provincia.
Las intensas lluvias de la borrasca Leonardo, que azota Andalucía con una violencia histórica, han superado en pocas horas los escenarios más extremos previstos por los meteorólogos y han hecho brotar agua desde lugares insólitos: por el suelo de las viviendas, por los muros y hasta por los orificios de los enchufes en casas de gente mayor que jamás había visto tal fenómeno en su memoria colectiva.
Cuando eran niños, han relatado los vecinos más ancianos, las casas tenían incluso canales por donde discurría el agua; era lo normal en épocas de lluvias intensas, pero eso hace más de 60 años. Ahora las viviendas no están preparadas para esto, y el agua ha ganado por sorpresa. Grazalema se halla en aviso rojo por lluvias, con registros que han superado ya los 200 litros por metro cuadrado en pocas horas, y pronósticos que hablan de incluso 500–700 litros en dos días, cifras que equivalen a lo que en otras latitudes sería una temporada completa.
El subsuelo está tan saturado que la lluvia ya no baja: sube. La Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) ha emitido avisos rojos en Grazalema, en el Campo de Gibraltar y en buena parte de la provincia de Cádiz, ante precipitaciones que pueden superar los 200 litros por metro cuadrado en 24 horas, con riesgo extremo de inundaciones y desbordamientos de cauces.
El río Guadalete, a su paso por Jerez.
En Jerez de la Frontera, la situación se ha tornado igualmente grave aunque por otras razones. El río Guadalete, que discurre próximo a zonas densamente pobladas, ha aumentado su caudal de forma preocupante, obligando a desalojar a centenares de familias de barriadas bajas y rurales para prevenir tragedias. Caminamos por calles todavía sin agua, pero con el cielo encapotado como amenaza constante. En algunas casas la gente ha hecho barricadas improvisadas con sacos de arena; en otras, las persianas siguen bajadas desde que el aviso rojo entró en vigor.
Si en la sierra el agua viene de arriba, en el Campo de Gibraltar viene por todas partes. En localidades como Algeciras, San Roque o Los Barrios, el viento y las olas golpean con fuerza, y las precipitaciones acumuladas suman una amenaza extra a la ya latente crecida de ríos y ramblas. Allí también se han registrado desalojos preventivos: en Los Barrios decenas de personas han tenido que dejar sus hogares por la acumulación de agua en urbanizaciones bajas, y en San Roque siguen activos dispositivos de emergencia para seguir la evolución del temporal.
La carretera que conecta Algeciras con Los Barrios.
En esta zona se han desplegado miles de efectivos de emergencias, incluidos bomberos, agentes del Infoca y unidades de la UME. Tanto la Junta como los ayuntamientos han suspendido clases y servicios no esenciales, mientras se mantienen centros de acogida preparados para alojar a quienes pierdan sus hogares o no puedan regresar a ellos. En las grandes industrias como Navantia, Dragados o Airbus se ha seguido trabajando, aunque a algunos empleados se ha dado la opción de teletrabajo o pedir el día libre.
El agua también ha rugido en el mar, que se ha comido chiringuitos y paseos marítimos. Ha ocurrido en La Barrosa, en Chiclana, donde la arena ha tapado su acera. O en Los Caños de Meca, que ya venía sufriendo antes del pasado verano una pérdida de arena, y ahora el mar se come las rocas que protegen el histórico faro de Trafalgar. O en Cádiz, donde las olas han cruzado la carretera arrastrando su espuma y numerosas piedras de grandes dimensiones. El alcalde de Cádiz, Bruno García, y técnicos de la Demarcación de Costas han coincidido en el mismo lugar evaluando los daños. Ahora se teme la subida de la próxima marea. La provincia de Cádiz sigue pendiente con inquietud el avance de la borrasca.