Vox mantiene el pulso con el PP en Extremadura hasta después de las elecciones en Aragón
El partido de Abascal dilata la negociación hasta el límite para ocultar su estrategia a los votantes llamados a las urnas el 8 de febrero ante la impaciencia de María Guardiola
Guardiola se sacude la responsabilidad ante el riesgo de una repetición en electoral en Extremadura: “Urge un acuerdo”
Extremadura votó el pasado 21 de diciembre. El resultado fue claro: un 60% del voto para las derechas. Solo hay una opción real de investidura: la continuidad de María Guardiola. Y solo tiene un socio posible: Vox. Pero un mes largo después, la región sigue sin presidenta ni gobierno. Y si fuera por lo que dicen los dirigentes de los partidos llamados a entenderse, el acuerdo no está cerca. El límite para el debate de investidura es el 3 de marzo. Para entonces, los aragoneses ya habrán acudido a las urnas y habrá empezado la campaña en Castilla y León.
La cadena de elecciones diseñada por el PP para demostrar la debilidad del PSOE ha tenido un efecto secundario inesperado para Alberto Núñez Feijóo. El empuje de Vox va mucho más allá de lo que preveían sus estrategas. Incluso en las horas previas a las elecciones extremeñas desde el PP se aventuraba una mayoría absoluta para Guardiola.
No ocurrió. Guardiola apenas ganó un escaño y se dejó 10.000 votos por el camino. La debacle del PSOE le permite vender una gran victoria, pero Vox duplicó su presencia en la Asamblea extremeña y, lejos de regalar la presidencia al PP, está utilizando la negociación como palanca en Aragón, como hará luego en Castilla y León, donde los comicios se celebrarán el 15 de marzo.
Las cuentas del PP no salieron. Y tampoco contaban con una actitud tan dura por parte de Vox. Pensaban que con un resultado tan claro, donde Guardiola suma más escaños que el PSOE y Unidas por Extremadura juntos, los de Abascal cederían antes.
El líder ultra ya avisó en campaña que quería la cabeza de la presidenta como pago por su apoyo. Abascal no perdona las negociaciones de 2023 ni que Guardiola señalara el negacionismo de Vox ante la violencia machista como una línea roja que se saltó por imposición de Feijóo. Y de Isabel Díaz Ayuso.
40 días después de las elecciones, Guardiola está cada vez más impaciente y Vox se mantiene en su estrategia nacional. La presidenta en funciones ha lamentado que solo se han celebrado tres reuniones entre ambos partidos, pese a que su agenda “ha estado y está a disposición”, según sus propias palabras. La ronda de contactos para la investidura comenzará el jueves y acabará con la propia Guardiola dos días después de las elecciones en Aragón, el 10 de febrero, el mismo día que expira el plazo legal para proponer una candidatura a la presidencia.
El PP ha hecho “ofrecimientos, llamadas y contactos constantes”, según ha explicado ella misma. Y, llegado este punto, resolver la negociación es “urgente”. La respuesta llegó a través de Twitter por boca del candidato extremeño de Vox, Óscar Fernández: “Dice ahora que hay que hacerla presidenta cuanto antes, y evitar unas elecciones de las cuales ella, y solo ella, volvería a ser responsable”.
El motivo de la disputa no es ideológico, según el secretario general del PP extremeño, quien ha reconocido coincidir al 95% en las medidas a poner en marcha. Pero Vox exige sillones y, sobre todo, presupuesto. Así lo anunció ya Santiago Abascal, quien insistió hace unos días en un acto de Madrid Foro Empresarial en la “vocación de gobernar” que tiene su partido. “Pero para hacer cosas, no para vegetar”, añadió.
Y ese “hacer cosas” tiene implicaciones. Pasa por atacar a las energías renovables y las políticas verdes. Por relacionar a las personas migrantes con la delincuencia y una supuesta pérdida de trabajo para los españoles. Con eliminar los contenidos sobre memoria democrática en los temarios estudiantiles. O negar la violencia machista, homófoba y tránsfoba.
Son las mismas “cosas” que Vox está proponiendo en Aragón, donde se celebran elecciones el próximo domingo. El partido de Abascal tiene una estrategia única de ámbito nacional que le está reportando suculentos dividendos. Las encuestas sitúan a los ultras en el entorno del 20%, una cifra que no les permitirá ganar en las urnas, pero sí definir el marco de los debates políticos y, ante la imperiosa necesidad del PP, decidir las políticas autonómicas. De momento.
Este lunes, en la habitual rueda de prensa tras la reunión de la ejecutiva de Vox, el portavoz, José Antonio Fúster, reiteró que quieren “entrar en los gobiernos, por supuesto, pero con las competencias muy delimitadas y muy claras, y con presupuesto”. Con el micrófono aún abierto, se le escuchó decir: “Qué pesados son los del PP, de verdad, con lo de que no queremos gobernar”.
“El PSOE confía en que un mejor resultado de Vox debilite al PP y eso es malo para todos”, apuntaba este miércoles el presidente aragonés, Jorge Azcón, en una entrevista en El País. Y, pese a lo dicho en público y en privado por el partido ultra, dijo que cree que no habrá otro Gobierno de coalición: “A Vox le va bien estar en la oposición. Porque una cosa es predicar y otra dar trigo”.
Una frase que anticipa un escenario similar al de Extremadura, con una negociación larga que se inmiscuirá en las elecciones que ha convocado Alfonso Fernández-Mañueco, a quien las encuestas le auguran un escenario similar. Y después le llegará el turno al andaluz Juan Manuel Moreno.