Y el PP ficha a Vito Quiles
Quiles entiende que si no eres viral, no eres nadie. No tiene el talento de Kirk ni de los principales influencers de ultraderecha americanos pero sí el olfato y el descaro de plagiarlos a todos
Azcón echa mano del agitador Vito Quiles para captar voto de extrema derecha: de cañas con simpatizantes del PP
El PP se ha rendido a su lado más troll y populista. El fichaje de Vito Quiles es la guinda de un proceso que se aceleró después de las elecciones generales de 2023 y cuyo diseño final han precipitado los comicios autonómicos encadenados. El otrora partido de Estado cuyo actual líder llegó a Madrid enarbolando la moderación ha llegado a una vieja conclusión: si no puedes con tu enemigo, únete a él. En este caso, imítalo hasta las últimas consecuencias, aunque estas supongan ser teloneros de Los Meconios y aceptes sin matices la agenda antinmigración de Vox, el partido que te está comiendo la tostada. Ha sido un proceso parecido a la “magacizacion” del Partido Republicano estadounidense, con la diferencia radical de que MAGA colonizó GOP (el Grand Old Party) desde dentro y Vox lo ha hecho desde fuera.
El gran miedo que ha movido al PP a lanzarse en brazos de la llamada antipolítica ha sido la pérdida de voto joven. Coincidiendo con la ofensiva de Pedro Sánchez contra los tecnoligarcas, en la que ha entrado con entusiasmo el villano millonario por excelencia, Elon Musk, el PP ha decidido contribuir a poner en el foco a personajes que hace 10 años solo trabajarían en los márgenes de la vida pública. Paradoja: con este matrimonio entre el PP y Vito Quiles, el PP se vuelve más troll y Quiles, más institucional.
Para Quiles solo existía la creación y viralización de contenido, aunque estuviera financiado por la oposición a Sánchez; por eso cultivaba los duelos casi simpáticos con Gabriel Rufián o con José Luis Ábalos. Supo ver una oportunidad en el asesinato de Charlie Kirk y cultivó una victimización impostada para presentarse como adalid de la libertad de expresión, la resistencia y del arrojo por ir a contracorriente, lo que hoy significa ir a favor de la mayor y más poderosa corriente mundial existente, la liderada por Trump y sus amigos y colaboradores necesarios. Quiles entiende que si no eres viral, no eres nadie. No tiene el talento de Kirk ni de los principales influencers de ultraderecha americanos pero sí el olfato y el descaro de plagiarlos a todos. Quiles ha contribuido a brutalizar la conversación pública, que es el paso previo necesario para deshumanizar al adversario político. Ahora se deja seducir por el establishment y en este matrimonio de efímera conveniencia perderán ambos contrayentes. Quiles pierde su cualidad antisistema y Feijóo se convierte en un político innecesario, un resto de tiempos que fueron, de escasa preparación y con propensión a equivocarse. Ambos se vuelven superfluos para sus objetivos iniciales.
Asistimos a la estetización de la vida política, que se convierte en espectáculo vacío, en puesta en escena, en vídeo viral. El pasado diciembre, Nick Shirley, YouTuber de 23 años, hizo un vídeo con numerosas falsedades e imprecisiones sobre presunto fraude en guarderías somalíes en Minneapolis. El vídeo viral de Shirley impactó en el mundo real, lo que nos enseña que lo que antes nos parecían provocaciones y estupideces para acariciar el algoritmo pueden sembrar violencia en nuestro vecindario. Una ideología algorítmica que reemplaza a una ideología institucional. La asunción por parte del PP de esta premisa vuelve vulnerable y vacío de contenido y, lo que es peor, de moralidad y racionalidad, al PP.
La izquierda no lo está haciendo mejor. De hecho, lo está haciendo peor, incapaz de construir dinámicas y políticas que miren hacia el futuro y no se limiten a intentar mantener los logros del pasado. En este escenario, el único que se mueve con cierta soltura es Pedro Sánchez, y da lo mismo que lo haga por convicción política o instinto de supervivencia. Su propuesta de prohibir las redes sociales a menores de 16 años está llena de inconsistencias, inconcreciones y deseos imposibles pero, al menos, sabe dónde nos jugamos los cuartos del futuro. Lo ideal sería ayudarle un poco desde la izquierda a la izquierda del PSOE, o acabaremos pasando por un auténtico viacrucis de autoritarismo a nivel mundial. Lo bueno es que el régimen trumpista pasará; lo malo es que no sabemos cuándo ni cuántas víctimas dejará el hecho de que hayamos sustituido la institucionalidad y el derecho por el troleo y el desprecio al prójimo. Ya apenas tenemos derecha democrática: intentemos que sobreviva la izquierda que sí lo es.