Por qué es tan importante que protejas tus oídos del ruido del día a día

Por qué es tan importante que protejas tus oídos del ruido del día a día

A menudo nos olvidamos de la protección de nuestros oídos en los entornos cotidianos ruidosos, como el transporte, la ciudad, los bares o los conciertos

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Las gafas de sol son algo más que un accesorio de moda. En los deportes al aire libre, como la navegación o los deportes de nieve, son imprescindibles para proteger nuestros ojos de la radiación solar excesiva, aunque a nadie le extraña que alguien lleve gafas de sol para pasear a mediodía o levantarse con resaca. Sin embargo, no parece que estas precauciones se extiendan a nuestros oídos. 

Vivimos en entornos cada vez más ruidosos, entre el rumor constante del tráfico, el zumbido constante de los electrodomésticos y el estruendo ocasional de las obras y sirenas. Nos sorprende hacer una excursión por el campo y notar que el volumen de la naturaleza es mucho más bajo. Es bien conocido el peligro al que se exponen los trabajadores de la construcción o los DJs en su trabajo por exponerse a ruidos muy fuertes durante mucho tiempo, pero no hace falta llegar a esos extremos para que nuestra audición se resienta. Los datos de un estudio de 2023 en España indican que un 11,3% por ciento de la población padece pérdida auditiva en algún grado.

El ruido constante también daña al oído

El proceso comienza cuando las ondas sonoras hacen vibrar el tímpano, un movimiento que se transmite a tres huesecillos minúsculos (martillo, yunque y estribo) y, finalmente, a un órgano en forma de caracol lleno de líquido llamado cóclea. Allí se encuentran las células ciliadas, que tienen unos ‘pelillos’ microscópicos que, al moverse con las vibraciones del líquido, generan una señal eléctrica que viaja hasta el cerebro, donde se interpreta. 

Este mecanismo tan delicado tiene un enemigo: el estrés mecánico. Los sonidos demasiado fuertes pueden dañar las células ciliadas e incluso provocar su muerte. Por desgracia, estas células no se regeneran, una vez perdidas, el daño es permanente. Cuando se han perdido demasiadas, llega la sordera.

El ruido intenso como una explosión muy cerca puede causar un trauma acústico inmediato, llegando incluso a romper el tímpano o dañar los huesecillos del oído medio. A menudo el daño se acompaña de un pitido agudo (tinnitus) y una pérdida auditiva que puede ser permanente desde el primer momento.

Por otro lado, está el ruido constante de menor nivel, quizá más peligroso porque pasa desapercibido. Es el ruido de las obras debajo de casa o llevar la música muy alta en los auriculares. Aquí, el peligro está en la acumulación de los daños. Como ocurre con la erosión, el desgaste constante de las células ciliadas también acaba con ellas.

Por ejemplo, la Administración de Seguridad y Salud Ocupacional de EEUU propone una tabla de equivalencia entre los niveles aceptables de ruido y su duración. Un ruido de 90 dBA, como puede ser el del metro o el tráfico, es dañino a partir de las 8 horas, mientras que un ruido de 110 dBA, como un martillo neumático, produce daños en media hora.

Lo podemos notar como taponamiento de los oídos o tinnitus al salir de la discoteca o de la clase de spinning con la música a tope. Con el tiempo, de manera casi imperceptible, se va perdiendo audición. Por eso protegerse los oídos debería ser tan común como ponerse unas gafas de sol.

Cuándo y cómo proteger nuestros oídos

Hay una regla práctica que nos indica si estamos en riesgo. Si necesitamos elevar la voz para que nos entienda alguien que está a un metro de distancia, eso quiere decir que el nivel de ruido ambiental supera los 85 dBA. Según explica la Sociedad Española de Otorrinolaringología y Cirugía de Cabeza y Cuello, este es un nivel común para el tráfico rodado, que es el responsable del 85% del ruido ambiental. Entre los adolescentes, el abuso de los auriculares para escuchar música a todo volumen los pone en un riesgo aún mayor.

Afortunadamente, la pérdida auditiva es fácil de prevenir: menos exposición y protección. Estas son algunas opciones para proteger nuestros oídos en el día a día:

Tapones con filtro

A diferencia de los tapones de espuma tradicionales que se pueden encontrar en farmacias, que amortiguan y distorsionan todo el sonido que llega a nuestros oídos, estos tapones utilizan filtros acústicos que actúan bajando el volumen de determinadas frecuencias, como el del transporte público, las cafeterías o el trabajo en espacios abiertos. Los más famosos son los de la marca Loop, que incluso disponen de un mando deslizador para modificar la cantidad de ruido filtrado. Una buena opción para discotecas, conciertos o para viajar en avión.

Auriculares con cancelación de ruido pasivo

En este caso son auriculares, no tapones, con lo que nos permitirán escuchar música, podcasts o cualquier otro contenido, pero con la ventaja de que al mismo tiempo van a bloquear los sonidos del exterior. Una opción son los auriculares de tipo botón con almohadillas blandas de silicona que por lo general vienen en distintos tamaños para adaptarse al canal del oído. Esto crea una barrera física que bloquea una cantidad significativa de ruido ambiental, con la ventaja de que así no es necesario poner la música tan alta para escucharla con calidad suficiente. 

Cubren la oreja completa con una almohadilla. Dependiendo de su diseño y de los materiales, pueden crear una barrera efectiva contra el ruido exterior. Las almohadillas actuales se fabrican con espuma viscoelástica con efecto memoria, lo que hace que sean más cómodas y se adapten mejor a la forma de la cabeza, reduciendo el ruido con más eficacia. Son adecuados para llevarlos en una oficina ruidosa y evitar distracciones.

Para las situaciones donde el ruido es constante, intenso y de baja frecuencia, la tecnología más avanzada es la cancelación activa de ruido (ANC). Estos auriculares no solo presentan una barrera física con sus almohadillas, sino que incorporan micrófonos externos que captan el sonido ambiental y generan una “onda invertida” que anula el ruido entrante antes de que llegue al oído. Son muy eficaces para eliminar ruidos monótonos como el de los motores del avión, el tren o el aire acondicionado, pero no tanto para los sonidos imprevistos y las conversaciones a nuestro alrededor.

Los trabajadores de la industria y la construcción hace tiempo que tienen que llevar protección homologada contra el ruido. Aunque nuestro entorno no sea tan ruidoso como una obra, protegernos del ruido del día a día puede prolongar la salud de nuestros oídos para el día de mañana.